La dictadura de Sánchez Arminio

Posted by & filed under .

Victoriano Sánchez Arminio, que cumple 70 años el próximo mes de junio, lleva ligado al mundo del fútbol toda la vida. Fue nombrado presidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA) en 1993, después de haber dirigido 149 partidos de Liga en Primera División en la que debutó en 1976 donde estuvo 13 temporadas consecutivas. Se retiró del arbitraje en 1989 por cumplir la edad máxima estipulada, y ese mismo año Ángel María Villar le nombró miembro del Comité de designación de árbitros hasta que cuatro temporadas después el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) le designó a dedo máximo encargado del estamento arbitral en sustitución del dimitido Pedro Sánchez Sanz. Ahí tiene su cortijo.

Sánchez Arminio lleva 19 años al frente del colectivo arbitral haciendo una labor “sorda que le convierte en el gran desconocido” del mundo del fútbol, según una fuente federativa, donde tiene fama de hombre “afable, cercano y accesible”. Arminio dirige el complejo mundillo arbitral “enganchado a su móvil”, desde donde atiende las incidencias que se van presentado. Sus principales desvelos son la organización arbitral territorial “donde se mueve mucho. La gente ve solo el fútbol de Primera y de Segunda, pero detrás hay 20 territoriales del `otro¿ fútbol en el que se vuelca”, afirman de él.

Su sueldo ronda los 6.000 euros netos mensuales más gastos, pero para enmascarar sus ingresos lo hace a través de una empresa de servicios a la que la RFEF saldaría todos los emolumentos que percibe. Arminio tiene su residencia en Santander, pero vive durante la mayoría de los días de las semanas en Madrid. Pernocta habitualmente en el hotel Sito en la Ciudad del Fútbol, cuya noche vale de 160 a 180 euros, aunque como empleado federativo tiene una reducción del 50 por ciento, por lo que la Federación asume los 90 euros que cuesta cada noche que se queda en la capital. Arminio está casado y tiene nietos de los que habla “con auténtica pasión”, de ahí que intente pasar los fines de semana en Santander para estar junto a su familia.

Su gran error en al `affair Piqué¿ ha sido autoproclamarse `arte y parte¿ en la denuncia hacia el jugador del Barça. “Las palabras de Piqué las analizaremos en Competición, porque para nosotros son declaraciones graves”, aseguró. En ningún caso él puede hacer esa aseveración porque ni pertenece ni tiene representación en dicho organismo. Este desliz ha servido para que la Federación le haya dado un toque de atención al asumir funciones que no le corresponden.

A pesar de todo, Sánchez Arminio tiene plena libertad de maniobra como jefe arbitral ante Villar. Es uno de los hombres de confianza del presidente junto al que lleva prácticamente desde que el accedió al cargo en 1988. En cuestiones económicas, la RFEF no tiene designado una dotación para los árbitros de elite. Sobre el papel, se autogestionan con parte de los salarios que perciben los colegiados por sus derechos de arbitraje y por la publicidad que generan. Con ello, Sánchez Arminio tiene que organizar las reuniones técnicas y físicas que convoca en Madrid cada dos meses. Su colchón en este apartado es la propia Federación, que cubre el presupuesto del CTA en caso de tener número rojos. De hecho, es Villar el que tiene que dar el visto bueno a todas las competencias del CTA.

Por último, Sánchez Arminio es uno de los tres miembros que forman parte del Comité de Designaciones arbitrales. Esta comisión tripartita debería estar formada por un representante de la RFEF, un representante de la Liga de Fútbol Profesional (LFP) y un representante de consenso entre las dos instituciones. Antiguamente eran los propios árbitros los que elegían al tercer miembro, pero hoy en día es Sánchez Arminio quien ocupa ese puesto y designa a su antojo con castigos y ascensos.